Director: James McTeigue.
Título: V For Vendetta.
Reparto: Natalie Portman, Hugo Weaving, Stephen Rea, Stephen Fry.
Sinopsis: "V de Vendetta" está ambientada en un futuro próximo: Inglaterra se ha convertido en un es-tado totalitario y fascista. La película narra la historia de Evey (Natalie Portman), una joven de la clase trabajadora que es rescatada de una situación de vida o muerte por un misterioso enmascarado co-nocido como V. V es un hombre sumamente complejo, instruido, extravagante, tierno e intelectual, que dedica su vida a liberar a los ciudadanos de las garras de aquellos que les someten mediante el terror. Pero al mismo tiempo es amargo, solitario y violento, y está obsesionado por la venganza personal. En su busca por libertar al pueblo de Inglaterra de la corrupción y la crueldad con que su go-bierno la ha envenenado, V condenará el carácter tiránico de sus dirigentes e invitará a los ciudadanos a unirse a él en las tinieblas del Parlamento el 5 de noviembre: el día de Guy Fawkes. Un día como ese del año 1605 Guy Fawkes fue descubierto en un túnel bajo el Parlamento con 36 barriles de pólvora. En compañía de otros conspiradores había planificado lo que más tarde se conoce-ría como «la conspiración de la pólvora» en reacción a la tiranía del gobierno de Jacobo I. Fawkes y el resto de saboteadores fueron ahorcados, destripados y descuartizados, y su plan para derrocar el gobierno jamás llegó a perpetrarse. Retomando el espíritu de esa rebelión y como conmemoración de aquel día, V promete consumar la conspiración fallida del 5 de noviembre de 1605 por la que Faw-kes fue ejecutado: detonar el Parlamento. Cuando Evey descubre la verdad acerca del misterioso pasado de V, también descubre su propia verdad, y se convierte en su leal aliada para ejecutar un plan que pretende encender la llama de una revolución, devolver la liber-tad y la justicia a una sociedad asfixiada por la crueldad y la corrupción.
La fuerza de la unidad se enfrenta a la fuerza de la verdad. El Estado tiene la necesidad de asentarse en una ficción compartida y unificada, en una mentira difundida a los cuatro vientos. De ahí que Adam Sutler, el dictador fascista, esté obsesionado con que "todo el mundo recuerde por qué nos necesitan". Lo importante no es la verdad, sino su apariencia. Y ante esto la respuesta de V no puede ser otra que la destrucción de los caducos símbolos del Estado británico al ritmo de la Obertura 1812 de Tchaikovsky.
Se trata de una película realmente liberal y antiestatista que además recordará ligeramente a los espectadores españoles su presente político. No sólo porque el líder fascista tenga un parecido más que razonable aRubalcaba, sino porque la trama de la película gira en torno a unos misteriosos atentados terroristas, atribuidos de manera oficial a unos confesos "fundamentalistas religiosos", que permitieron inesperadamente a Sutler ganar las elecciones.
Sin embargo, como ya hemos dicho, la película no está exenta de errores; la mayoría, por desviarse innecesariamente de la novela gráfica original.
El primero es el impresionante progreso económico que experimenta Inglaterra a pesar del yugo de su Estado fascista. Por el escenario desfilan políticos trajeados, pantallas de plasma o ejércitos con un equipaje modernísimo. El problema es que todo esto es irreal: el socialismo no funciona (tampoco el socialismo fascista), ya que no permite practicar el cálculo económico y asignar adecuadamente los recursos. En el cómic, al estar escrito hace 20 años, este error es mucho menos perceptible.
El segundo fallo importante de la película es la excesiva humanización y personificación de V. Como ya expliqué en su momento, en la novela gráfica "V no tiene cara, nunca la tuvo. No es nadie. Sólo un huracán de verdad que arrasa con la maquinaria estatista de dominación y abre los ojos legañosos de los ingleses".
La película, en cierto modo, conserva esta característica esencial del personaje. Así, por ejemplo, el propio V dice: "Debajo de esta máscara hay algo más que carne. Debajo de esta máscara hay una idea". También Evey nos cuenta que V era "Edmond Dantes. Y mi padre. Y mi madre. Y mi hermano. Y mi amigo. Eras tú, y yo. Era todos nosotros".
Sin embargo, en la película también vemos a un V vacilante, lacrimoso y dubitativo. Un Vque está a punto de abandonar su lucha y sus ideales a cambio del amor. No estaríamos ante un error importante si no se destacara que la existencia y supervivencia de V se fundamenta en sus ideales; de modo que difícilmente unos ideales podrán renunciar a sí mismos y quedarse en el vacío. De nuevo, este conflicto entre amor e ideales dentro de una persona cuya esencia son los propios ideales está ausente en el cómic.
Por último, la película tiene una especial fijación en la problemática homosexual, lo cual la lleva en ocasiones a retorcer el argumento original del cómic y a perder coherencia interna.
Nota al margen merece la sesgada traducción al español que, con indudables dosis de progresía y brazo izquierdo, se nos ofrece en nuestros cines. De este modo, V ya no reivindica "la equidad, la justicia y la libertad" [fairness, justice and freedom], sino la "igualdad, la justicia y la libertad". Les ha faltado meter la fraternidad para reconvertir a V en todo un revolucionario francés.
Obviamente, introducir el valor de la igualdad no sólo desvirtúa el significado original de la película, también el del cómic, donde podíamos leer que la anarquía ha enseñado a V que "la justicia carece de sentido sin libertad".
Los fallos no son pocos ni insustanciales, y aún así los críticos conservadores se han afanado en añadir dos más. En su opinión, V es una plasmación del anticlericalismo y del socialismo. Ninguna de las dos acusaciones tiene, sin embargo, demasiado fundamento.
Primero, aunque es cierto que V se enfrenta a un obispo ruin y sin escrúpulos, no deberíamos olvidar que estamos ante una Iglesia fagocitada por un Estado fascista que ha dejado de servir a Dios y se ha sometido al poder político. La fe que reclaman los fascistas es la fe en el Estado y en su mentira; para ellos Dios es sólo la excusa trascendente para domeñar al pueblo.

Los miembros de la jerarquía, por tanto, no pueden ser más que funcionarios corruptos y ateos que simulan amar a Dios para lograr sus objetivos particulares. Y es que, como el propio Ratzinger ha recordado en numerosas ocasiones:
"La Iglesia no debe erigirse en Estado, ni querer influir en él como un órgano de poder. Cuando lo hace se convierte en Estado y forma un Estado absoluto, que es, precisamente, lo que hay que eliminar. Confundiéndose con el Estado, destruye la naturaleza del Estado y la suya propia".
La Iglesia contra la que combate V es una ficción religiosa que ha dejado de ser Iglesia y sólo constituye un instrumento más del Estado fascista.
La segunda crítica tiene, si cabe, menor fundamento. V no puede ser socialista porque cree claramente en la propiedad privada. Así, cuando Evey le acusa de haber robado al Gobierno, V le responde irónicamente: "El robo implica propiedad. No puedes robar a los políticos. Simplemente lo reclamé".
En otras palabras, los políticos no son propietarios porque su propiedad no es legítima, sino que procede de un robo anterior. Lo cual nos aproxima bastante a las teorías liberales sobre la apropiación originaria de impronta lockeana. Pero es que, además, en un momento de la película V le regala a Evey "todo lo que tiene"; lo cual constituye una donación que necesariamente implica propiedad.
En definitiva, estamos ante una película sublime que adapta para la gran pantalla un monumental cómic. Los errores que contiene no desmerecen en absoluto una trama depurada, sólida y esencialmente liberal. Una representación ficticia e irreal que esperemos ayude a despertar a todos los españoles engañados por nuestros políticos.
Y es que, como decía el padre de Evey Hammond: "Los artistas emplean las mentiras para contar la verdad; los políticos las utilizan para ocultarla".